Entrevista a Eduardo Laporte

*Eduardo Laporte. Foto:Oskar Montero

Eduardo Laporte es escritor, periodista cultural y autor del blog El náuGrafo digital. Ha publicado  ‘postales del náufrago digital’, ‘Luz de noviembre, por la tarde’, ‘habana 2009’ y, recientemente, ha sido incluido en la antología de relatos ‘Diez bicicletas para treinta sonámbulos’, junto autores como Antonio Muñoz Molina, Luis Landero o Marta Sanz.

También es fundador del grupo (ya no tan) secreto ‘Amigos de la gestión, la cultura y el vino’, al que esta agenda pertenece, y comenta parte de sus andanzas vitales, gustos y disgustos en las redes con un generoso número de seguidores tanto en Facebook como en Twitter, donde se declara ‘gazpachero’ más que ‘salmorejista’, fan de Battiato, Cohen, Dylan y los Fleet Foxes o enemigo acérrimo de cierta marca holandesa que te invita a pensar en verde.
Por su saber hacer fuera y dentro del internet, esta agenda ha querido contar con él para Libera Libros Lavapiés y este sábado 22 de junio compartirá charla y lectura con otro de nuestros autores fetiches, Camilo de Ory. Eso será a eso de las 19h en Función Lenguaje donde, además, se soltarán ejemplartes de su libro ‘postales del náufrago digital’. Pero antes, le propusimos una entrevista que se convirtió en un cuestionario a fondo:

Al principio fue ‘El náufrago digital’ en WordPress, ¿el origen de todo?
 

Sí, aunque hubo otro origen, una libreta que me compré en un todo a cien, antes de que se pusieran de moda las moleskine y de que existieran los blogs. Hablamos de un verano de 1999 que pasé en París, donde fui apuntando lo que veía, en plan flâneur sin saberlo, porque tampoco conocía ese término, ni que existía una literatura de lo cotidiano, de la observación. Me ofrecieron publicar en los blogs del Periodista Digital, en 2005, y yo me sentí casi importante figurando entre otros articulistas de renombre, con mi fotito ahí. Luego ese medio empezó a disgustarme y me mudé a WordPress y luego Blogger. Con esos escritos primer reunidos creé, con los diseños de Valero Doval, ese libro.

¿Cuándo y por qué apareció náuGrafo Digital?
 

Si te refieres al cambio de nombre, por usar la palabra grafo, de escribir. Pequeño juego de palabras con esa palabra tan manida, náufrago, que quise usar porque me parecía que no era algo tan manido usar palabras manidas a sabiendas. Una microcoña interna que solo yo pillé, pero bueno, también es cierto que hubo un tiempo que me sentía un poco aislado y que la literatura, el blog, era una buena tabla de náufrago/náuGrafo.

¿Escribíamos diarios porque no se había inventado el blog?
 

El blog en el fondo no es nada nuevo -o viejo, porque ya tiene un tufillo a naftalina digital aunque algunos aguantamos en plan Petibonum-, porque escribir sobre uno mismo y sobre lo que se ve es tan viejo como la propia escritura. El otro día en la cuesta de Moyano encontré el diario de Jovellanos, el ilustrado. Hay muchos diarios por ahí de mucho interés, por el contenido en sí, y porque son una vía de acceso a la historia desde lo cotidiano, a la microhistoria.

¿La autobiografía es uno de los mayores actos de exorcismo?
 

Eso suena a película de miedo (risas). Pues supongo que sí, aunque parece que todos tuviéramos un demonio dentro y tampoco es para tanto. A veces, sirve, como en la literatura de duelo; pensemos en las obras de Sergio del Molino o de Francisco Goldman, que perdieron, respectivamente, a hijo y mujer. O en mi caso, con la pérdida de mis padres. Sirve para dotar al recuerdo de una categoría superior y eso no deja de ser bonito.

¿Dirías que en internet exorcizamos malestares y tristezas? ¿o somos más de compartir logros y buenas nuevas?
 

Internet es más un reino donde tienen cabida las quejas, las indignaciones diarias y las críticas a lo que no nos gusta pero, sobre todo, creo que se comparten cosas más positivas, y podríamos poner aquí la caricatura de la típica foto de Instagram con los pies en alto y el mar en el horizonte, un mojito, crema solar y una palabra como estado: FELIZ.
Creo que internet no es el mejor sitio para acercarse a un discurso íntimo en condiciones. Tampoco para la lectura poética. Creo que el libro, en papel o electrónico, sigue siendo el mejor contenedor de esa materia sensible.

¿Qué tiene que tener un buen blog?
 

Respecto a los blogs literarios, actualizaciones más o menos frecuentes, un estilo personal, reconocible y, a poder ser, contenido propio. Hay demasiado blog de ‘prescripción’ o de comentar noticias y no tanto de volcar lo que uno piensa, ve, siente. Hubo un ‘boom’ hace unos ocho años, pero luego nos hemos vuelto todos más reservados. O que lo contamos todo ya en Facebook. Un blog, de todas formas, me parece un folio en blanco digital que sigue ofreciendo muchas posibilidades, un espacio de libertad creativa. Denostarlos me parece una catetada hipster.

¿Blogs y redes sociales confirman que lo bueno si breve dos veces bueno? Dicho de otro modo, ¿la palabra se revaloriza en poco espacio?

Pues si eres un Camilo de Ory de la vida habrás encontrado en redes sociales como Twitter tu plataforma adecuada. Es bueno aprender a condensar, pero también en Facebook se producen debates sin límite de extensión que ni en los mejores tiempos del Fornos o del Gijón. Internet nos ha permitido recuperar el arte de la discusión.

Ilustración de 'postales del náufrago digital' por Valero Doval.
Ilustración de ‘postales del náufrago digital’ por Valero Doval.

En un tweet mencionabas ese ‘sensor que se va desarrollando con los años para distinguir entre literatura y palabrería.’ ¿Cómo se diferencias en las redes sociales?

Eso lo dije respecto a ciertas novelas que están hechas un poco como actividad de fin de semana, como quien hace una maqueta de la Santa María, más que por una verdadera necesidad de escribir. Tener un libro publicado sigue quedando bien, se liga más, pero al final se suele notar al escritor impostor. Aunque como el círculo de la impostura puede implicar también a editores, jurados, periodistas y críticos, pues te pueden vender un gato por liebre literario de primer orden y aquí no ha pasado nada. ¿Diferenciar literatura de palabrería en las redes sociales? Más difícil, porque las redes sociales son literatura, pero también muchas otras cosas.

Twitter y Facebook: las siete diferencias según Eduardo Laporte.
 

¿Siete nada menos? Alguien dijo que Twitter era para ostentar y Facebook para compartir. Me gusta esa visión. Yo he sido y soy completamente de Facebook, el invento más acojonante que recuerdo en mi no tan joven vida, pero reconozco que Twitter tiene sus encantos. Puedes soltar tu ocurrencia de turno sin esperar respuesta. Esa falta de bidireccionalidad también es atractiva. Me gusta de Twitter su minimalismo digital, que no evoluciona; es simple y así se mantiene. Aunque parece que Google+ le ha arrebatado el segundo puesto como red más visitada, tras Facebook. Y que tampoco es muy rentable. Es un misterio Twitter.

En otro tweet dices: ‘Albert Camus también escribió libros, aparte de frases para el Facebook’. ¿Eres más de greguería o aforismo?

Pues son un poco de la misma familia de la frase corta y lúcida. La greguería va más por el humor y el aforismo a veces se pone un poco solemne cuando no petulante. Así que tomando como diferencia el humor, te diré que soy más de greguería: ‘Las morcillas, esos chorizos de luto’, que diría don Ramón.

¿Hipster o dandi?
 

Coñe, qué buena pregunta. Dandi discreto.

¿Cómo sería el perfil cultureta perfecto?
 

Cultureta y perfecto puede sonar a oxímoron. Pero, desde luego, lo que hay que hacer es ser lo menos esnob posible. Que te gusten los libros o leerte los suplementos culturales no te hace de una casta superior, aunque sí que veo como algo superior el cultivo de la sensibilidad y del gusto por el arte. Así se logra ver arte en todo, como en un combate de boxeo, de los que tanto le gustaban a Gay Talese. Y sobre el ‘culturetismo’ como actitud vital, me gustó un artículo de Alberto Olmos en micro-revista titulado Una cierta militancia en el que animaba a, en la medida de las posibilidades, a ir a presentaciones literarias, a recomendar los libros de la gente que lo merece, a comprar libros, a poner algo de nuestra parte para que la cultura se mantenga. Criticar a Wert es fácil pero, coño, de vez en cuando también hay que dejar de tomarse ese gintónic y comprarse un libro.

¿Y el acto cultureta perfecto?
 

Alguno organizado por Agenda Magenta. Y los Encuentros de Pamplona de 1972.

Apareces en una antología de Demipage titulada ‘Diez bicicletas para treinta sonámbulos’ donde hay grandes nombres como Antonio Muñoz Molina, Santiago Auserón o Andrés Neuman, ¿de quién te gustaría estar acompañado,  literariamente hablando?

Sí, estoy muy contento de figurar junto a semejantes nombres, aunque también me hace ilusión compartir antología con otros nombres que aprecio/admiro, como Juan Aparicio Belmonte, Felipe Benítez Reyes, Fernando Aramburu o Francisco Javier Irazoki. Respecto a la pregunta, pues con alguien importante, yo que sé, Michel Houellebecq, en plan flipándonos.

Has impartido varios talleres de literatura y ahora prepara un nuevo curso para este verano, ¿se puede enseñar a ser escritor?

Se pueden enseñar cosas, técnicas, trucos, ejercicios y también se puede compartir una experiencia literaria muy grata, que es cada edición del Tayer, así se llama, que he impartido. Entendiendo escritor como tío que cuenta una historia, todos somos escritores, porque todos somos potenciales contadores de historias. Y si alguien resulta que tiene una historia y la quiere contar, que me llame. Hay algo natural en el acto de escribir, cosa que no pasa, por ejemplo, con la composición musical. Quizá no se pueda enseñar a nadie a ser Kafka, digamos, pero sí a plantear un relato autobiográfico de mayor o menos interés. Mi abuelo solo leyó el Quijote pero dejó escrito una especie de memorias  que a mí me parecieron de gran valor. Todos tenemos cosas que contar, a todos nos pasan cosas.

Además de enseñar, ¿qué otros proyectos tienes a medio plazo?
 

Quiero reunir los mejores escritor de la experiencia del Tayer y armar un libro con ello. Termino una novela autobiográfica y tengo un diario íntimo que espero vea la luz en otoño. Y quiero reescribir una novela sobre un periódico fachoso que tengo por ahí un poco abandonada.

Una petición para terminar: un juego de palabras con Agenda Magenta.
 

¿Necesita una Agente Magenta a su altura? Ya la tiene: María Salas. Ella es. Magéntica y magnética a partes iguales.

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