Entrevista a Ana Rossetti

Llega la quinta edición del ciclo Poetas a sus puestos y tenemos el orgullo magenta por las nubes por poder contar con Ana Rossetti, que estará junto a Sergio Artero el próximo sábado a las 13:30h en Sandwich Mixto (dentro del mercado de Antón Martín).
Un lujo al que se suma esta entrevista a la autora, ya más que reconocida por la huella que ha dejado en nuestra literatura y en quienes la leemos con fruición.

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Hace unos meses se editó ‘La poesía iba en serio. La escritura de Ana Rossetti’, editado y coordinado por José Jurado Morales con las ponencias del seminario que se celebró sobre tu obra y aportación a la literatura. ¿En qué momento la poesía empezó a ir en serio en tu vida?

La poesía empezó a ir en serio muy enseguida. Los poemas que formaban parte de  ‘Los devaneos de Erato’, no se habían escrito con el propósito de ser publicados; eran un juego entre amigos. De pronto vi como la escritura se iba imponiendo en mi vida. La manera de percibirme y la manera de ser percibida, cambió por completo. Mi agenda, mi libro de direcciones, mi mundo, se llenaron de otras posibilidades. Y de responsabilidades también.

Tu trayectoria empezó en los tiempos de la Movida, de la que tú has destacado alguna vez el eclecticismo como una de las claves, como sinónimo de libertad creativa o de acción. Dando un salto al presente, ¿cómo ves el panorama de la cultura en nuestro país?

Estamos sufriendo un retroceso en cuanto a derechos civiles muy alarmante; un cataclismo económico y una justificada desconfianza hacia la política tal como la conocemos. Eso tiene que afectar en la producción de las obras. Ahora sí que tiene que ir en serio eso de escribir. Cuando digo en serio no estoy descartando al humor, que es una lupa excelente para observar la realidad, sino que ahora hay otros puntos en donde enfocar el objetivo, muy distintos al de sexo drogas y rock and roll. Hay otras narrativas por desarrollar, otras preocupaciones a las que dar salida. La época siempre deja sus señales en el arte, es imposible sustraerse.

Si hablamos de la escena poética, lo cierto es que el calendario aparece lleno de festivales, jams y ciclos que, junto con el fenómeno de la autoedición o las pequeñas editoriales independientes, no sólo resisten sino reclaman una mayor presencia de la poesía. ¿Crees que son indicadores del estado de la salud de una disciplina?

La difusión de la poesía tiene que cambiar. El mercado del libro también. Pero esto es otro tema. Lo que me preocupa es que los primeros que tenemos que cambiar somos nosotros. No soporto al poeta que va con la derrota puesta y cree que la poesía no le interesa a nadie y que no debe proporcionarle más beneficios al poeta que el apaciguar su vanidad.  El convencimiento de considerar a la poesía como la hermana indigente de la literatura, contradice lo que tú señalas como un auge de editoriales, recitales, festivales y demás; pero al hablar en negativo de algo implica crear un prejuicio en contra. Tenemos que posicionarnos de otra manera frente a lo que hacemos y defenderlo humilde pero orgullosamente.

A lo largo de tu trayectoria destacan también el teatro -muy ligado a tus inicios- o la narrativa, especialmente los cuentos. La poesía, el teatro o el cuento tienen que ver mucho con la oralidad: ¿qué representa para el texto, para el arte, ese salto de lo escrito a lo contado/recitado?

Yo creo y espero que el futuro de la poesía sea volver a sus orígenes: a la voz del poeta. Las aportaciones que se encuentran en Youtube me lo confirman.

Cuentos apropiados para el público en general. Ana Rossetti.

Acabas de publicar ‘Cuentos apropiados (para el público en general)’, donde recoges cuatro historias que tienen su origen en distintas leyendas y narraciones de toda la vida para devolvérselos a los lectores de todas las edades. Reclamas que los cuentos no son sólo infantiles. ¿Por qué crees que han sido edulcorados o extirpados, al menos, en parte de su sentido original?

Pues porque como te dije antes, el arte refleja la época. Las versiones de Disney de los cuentos de hadas, se hacen después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres deben abandonar sus puestos de trabajo para hacer hueco a los hombres que regresaban del frente. Es la época de Doris Day. Después, en los 70 hubo una tendencia roussoniana según la cual la maldad no existía.  Cierto es que en un principio, el cuento era la única manera de trasmitir enseñanzas y que a partir de la alfabetización, se podían recurrir a otras fuentes. El cuento pasa entonces a cumplir otra función: la de entretener.

Tú que tienes cuenta en Twitter, ¿crees que internet y las redes sociales nos dan la posibilidad de ser más participantes de las historias y menos público que simplemente escucha?

Me parece una herramienta estupenda para muchas cosas, pero la más importante para mí es su contribución a derribar la pirámide a favor de la red. La red significa anudar hasta el infinito.

Cuando te han preguntado por el sentido de la poesía, has dicho que se te escapa su significado más allá de la necesidad individual que surge de pronto y que, por otro lado, la poesía también puede ser una consigna o una pintada en la pared. ¿La acción por encima de la reflexión?

Lo importante es lo que suscita en el receptor. Debiera ser una reflexión que llevara a una acción, porque la reflexión por la reflexión si no opera en la percepción de las cosas, no es más que un pasatiempo. La verdadera reflexión tiene  que dar lugar a una acción que puede ser tan invisible y tan revolucionaria como el modificar el chip sobre ciertas cosas. Por el contrario, en  la acción sin reflexión, entra en juego la obediencia a prejuicios y conductas aprendidos y eso es muy peligroso.

Poetas a sus puestos es una iniciativa que surgió de esa idea de que la poesía no tiene por qué tener un momento o un lugar concreto. El próximo 10 de mayo participas, junto a Sergio Artero, en este ciclo organizado por Agenda Magenta y Sandwich Mixto. A priori, ¿qué te resulta atractivo de recitar en un lugar como es un mercado de abastos?

No es la primera vez que lo hago. En Santiago de Chile y en Medellín (Colombia), por ejemplo. Y sí me gusta. Me gusta salirme de vez en cuando de detrás de la mesa con el vasito de agua.

¿Qué proyectos tiene en el tintero Ana Rossetti?

Pretendo acabar de una vez un poemario que llevo dándole vueltas ni se sabe.

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